Saltar al contenido

12 de enero de 2026

Cobrar por un portfolio

Cómo presupuestar un sitio personal sin convertirlo en un proyecto gratis con prestigio.

Calculadora antigua sobre escritorio de madera.

Un portfolio es el peor proyecto para perder dinero y, sin embargo, es donde más se pierde. Se acepta el encargo con descuento “por exposición”, se alarga sin facturar fases y se entrega como si fuera una pieza gratuita de portfolio propio.

Pon precio a lo que ya sabes hacer

El portfolio no es un proyecto experimental. Es exactamente el tipo de encargo que llevas haciendo años: estructura, contenido, sistema, despliegue. Si normalmente cobras X por una web corporativa similar, no hay razón para cobrar menos por la del cliente que tiene cara y voz.

Fases que cobras siempre

  1. Estrategia y contenido. Antes de tocar Figma, hay decisiones sobre qué se muestra y cómo. Es trabajo medible.
  2. Sistema base. Layout, tipografía, paleta, comportamientos. Es la inversión que se amortiza en cada futura página.
  3. Implementación. Astro/Next/lo que sea, integración CMS, despliegue.
  4. Mantenimiento o handover. Documentación, formación corta del CMS, soporte definido en horas o meses.

Si una de estas cuatro fases la regalas, otras tres se contagian.

Trampas habituales

  • “Lo del portfolio lo ajustamos al final.” No. Se factura como cualquier otro encargo, con anticipo y entregables nombrados.
  • “Vamos a probar y vemos.” Una propuesta económica concreta, aunque sea de exploración, separa el trabajo del favor.
  • Iteraciones infinitas. Tres rondas de feedback están incluidas. La cuarta es trabajo adicional, con su línea en el presupuesto.

Lo que sí puede ser distinto

Si el cliente es un estudio o un autor con poca renta, una rebaja honesta y nombrada está bien. Pero “honesta y nombrada”: se escribe en el presupuesto cuál es el precio normal y cuál es el descuento aplicado y por qué. Eso protege al diseño y a quien lo paga.